Mi amiga Cristina Martínez (la artista antes conocida como Garbancita), ha suscitado, con una de sus acertadas crónicas gastronómicas, un interesante debate en redes sociales, como es habitual con casi todas sus publicaciones. Todo a cuenta de los clientes “eternos” que creen que los bares son como esas farmacias 24 horas. Así que me gustaría dedicarle este modesto artículo. Va por ti Cristina.

Recital en Red House Café

En el mismo hilo, mi socio Manolo Manosalbas, relataba su reciente experiencia en un nuevo local de moda de Sevilla, donde sufrió la vecindad de mesa de unas parejas jóvenes con chiquillos de carritos, y, tras las molestias habituales de este tipo de grupos, lo siento, pero sí, los bebés tan ricos ellos, a veces molestan en según qué sitios, ellas se fueron de compras y ellos echaron su cubata mientras.

¿A qué viene todo esto? Pues viene a que hace poco uno de los pocos bares verdaderamente cosmopolitas de Sevilla ha cerrado sus puertas, el Red House Café, para abrir reciclado en gastrobar, otro, mesas altas y decoración ad hoc, por cierto, debe haber algún estudio de diseño de interiores al que están poniendo rico, ole por ellos. El sitio era realmente peculiar para una ciudad como Sevilla: muebles diversos de

Wi Fi gratis sin consumo mínimo ¿discutible?

reciclaje y a la venta, cafés bien servidos y buenas infusiones, tartas caseras, exposiciones, alguna actuación de vez en cuando, pero… con wifi gratis y acogedores rincones para sentarse un par de horas con un café o un zumo y navegar y navegar.

Claro, lo que pasa es que los empresarios tienen la mala costumbre de querer ganar dinero y sí, algunos aún mantienen cierto romanticismo por el negocio, pero resulta que los empleados cobran, el ayuntamiento y Hacienda te brean a tasas e impuestos, los proveedores se empeñan en cobrar los suministros, la asesoría, los servicios de limpieza, lavandería, sanidad, que, más o menos, también cobran. Y luego, es que pasa muchas veces, que se lo pregunten al que tenía la ferretería

Exposiciones temporales, buenos cafés e infusiones, tartas y copas

famosa y antigua en la calle Entrecárceles, que la gente empieza a recoger firmas y a poner el grito en el cielo cuando un negocio histórico cierra, pero ¿cuántos compraban habitualmente en él? ¿Cuántos iban por una cacerola o un embudo a esa ferretería en vez de al chino de su barrio? Pues eso, apliquenlo al Red House Café y obtendrán la respuesta.

Red House Café era un oasis para muchos guiris jóvenes y estudiantes, que encontraban un lugar de encuentro y, oh cielos, donde no había un público vociferante, donde la música era buena y no te atronaba ni los oídos ni el sentimiento estético y donde el trato era muy cordial. Pero como dicen los del lazo amarillo “el negoci es el negoci”. Amén.